Mostrando entradas con la etiqueta Análisis de textos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Análisis de textos. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de octubre de 2007

LInks

No sé qué onda Osplad.org Pero les paso este link donde han compilado fragmentos de diversas obras literarias sobre escuelas, infancia.


Osplad.org
Cecilia Elizondo

miércoles, 17 de octubre de 2007

La escuela como máquina de educar

“Nada mejor en momentos de crisis y cambios que dirigir la mirada simultáneamente hacia la mayor cantidad de tiempos que podamos, hacia el futuro y hacia el pasado.”
Cecilia Braslavsky (2001) en la presentación de La escuela como máquina de educar

Pineau enumera “las partes del camello” de la tan naturalizada escuela, cita a Kant: “se envía al principio los niños a la escuela, no ya con la intención de que aprendan algo, sino con la de habituarles a permanecer tranquilos y a observar puntualmente lo que se les ordena…” y nos recuerda que apenas se pudo superar la definición de Durkheim de Educación: “La educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que todavía no están maduras para la vida social…” Los insoslayables.
Para Pineau, Durkheim “naturaliza” la escuela negando su historicidad, por eso él se ocupó de documentar el proceso de su génesis.
Teniendo ya claro que, aunque hoy nos resulte imposible imaginar un mundo sin escuelas, es una institución “construida artificialmente por mentes y prácticas humanas”[1], estamos en la búsqueda de nuevas promesas y esperanzas para reiniciarla como proyecto para todos. ¿Cabe construir otra “máquina de educar” masiva o necesitamos inventar otro/s artefacto/s a medida de los “niños”/crías humanas que no pueden subsumirse bajo el concepto moderno de “infancia”?
Si Pineau plantea que “el triunfo de la escuela se debió a que fue capaz de hacerse cargo de la definición moderna de Educación”, y si sostiene que Durkheim logró condensar en la suya todo el potencial de esa concepción y repito, aun no ha sido superada, tal vez nos señala el inicio del cambio: redefinir Educación.
Se me ocurre para comenzar citar a Kant en el final de su Pedagogía:
“De todos modos está bien que un hombre dedique su vida a enseñar a muchos a la vez a vivir (… ) Las escuelas, son, por ello, necesarias, pero para que sean posibles hay que educar a Emilio”. ¿Podremos inventar otras formas de enseñar a vivir, que no tengan ese formato?
A pesar de estas dudas tengo claro que lo primero es definir La Educación que creemos que los nuevos necesitarán. Para empezar, del pasado registrado podemos seleccionar lo que hay que transmitir, porque de las nuevas tecnologías que vayan surgiendo, sin duda necesarias, se encargarán los mismos nuevos, ya entrenados en el cambio y el aprendizaje continuo. Esta selección dará forma al tipo de ser humano que vivirá en el mundo, pero no podemos predecir qué le será más útil, más allá de la flexibilidad ante el cambio.
¿Qué Emilio necesitamos? ¿Cuál es nuestro ideal? ¿Volveremos a maestros como modelos en todo?, porque a mi juicio, el Emilio que precisa Kant será maestro. “Maestros, sed virtuosos y buenos y procurad que vuestros ejemplos queden grabados en la memoria de los alumnos,…” reclamaba Rousseau en su tratado sobre la educación.
El maestro de “Ser y tener” se ocupa solo de su clase única y el documental lo muestra dedicándose a cada grupo y en forma individual de sus diez alumnos desde jardín hasta sexto grado, enseñando, reprendiendo, alentando, consolando, mediando, guiando, acompañando. Toda la película es de ritmo lento, parece que no sucede nada, pero precisamente muestra en proceso las diversas situaciones de aprendizaje, a veces en grupo, otras de a dos, a través de descubrimientos solitarios o con la dedicación amorosa del maestro. El clima inhóspito del comienzo contrasta con la quietud interior, como metáfora del lugar seguro que supo ser la escuela, “La escuela se convierte en la caja donde se conserva algo positivo de los ataques del exterior negativo”, dice Pineau[2].
[1] Idem.
[2] Pineau (2001) ¿Por qué triunfó la escuela? Página 31/3.

Nora rodríguez

lunes, 1 de octubre de 2007

“Extrañamiento del Mundo” de PETER SLOTERDIJK


Comentario del capítulo II ¿Adónde van los monjes?


1-Metoikesis-cambio de morada del alma.

No merece la pena demorar el curso del destino aceptado porque para el filósofo, él maestro en morir, las cosas corporales no invitan a la eternidad.
La expresión METOIKESIS significa traslado, es una metáfora de movimiento que deja entrever una tesis sobre el modo de ser del hombre, es decir: el hombre es el animal abocado al cambio de domicilio, de morada. El hombre es movedizo, es existencia de tránsito, y esas formas de movimiento marcan la forma de vida humana de principio a fín.
Aquí el sustrato susceptible de traslado que cambia de domicilio al morir es el alma, y ese traslado a otra forma de estar en sí, entendido como una última metamorfosis hace referencia a la movilidad de la existencia humana.
Eso que se muda “de aquí a allá” lo hace entre diversos estados físicos o dimensiones del ser, con una irreductible dinámica de cambio.
La venida al mundo representa un caso de metoikesis y, en consecuencia, los hombres deben ser entendidos como seres nacientes, vivientes, entrantes, reconocidos como animales que se trasladan y cambian de elemento.
“Traslado de morada es la característica que aparta a los hombres de la generalidad de las formas animales”. Los hombres evolucionan, son animales problemáticos que mediante los movimientos de búsqueda tratan de hallar la posibilidad de huída del mundo.
Existe un humano potencial de traslado.
La historia se entiende como el desarrollo de la lucha por el verdadero lugar y elemento de la vida humana.

2- El Principio – Desierto.

Anacoretismo y monacato son prácticas del autotraslado al “otro elemento” que comienzan a imponerse a las almas bajo el singular Dios (s IV al VII).
Las comunidades monacales no fueron posibles ni necesarias hasta una época en la que el hombre precisó desarrollar culturas de separación del entorno. Es la época de la transición de las sociedades paganas al monoteísmo imperial.
La revolución anacoreta muestra que la cristianización de masas se logró gracias a que los grandes maestros de la mortificación demostraban que esfuerzos se necesitaban para convertir las almas.
Los anacoretas y monjes que comienzan a poblar los desiertos realizaban un traslado audaz: pues se elevaban de las formas de vida mundana a lo diverso, al elemento llamado Dios.
El éxodo al desierto es el éxodo al elemento hostil al hombre, se realizaba para probar en, o, contra el propio cuerpo todo lo que podían soportar para estar con Dios. Allí se pone a prueba el anhelo de trasladarse del todo a Dios. El deseo de estos monjes era detener la corriente del venir-al- mundo creador de frivolidades, dejar de ser hombres mundanos y convertirse en hombres divinos.
El mundo es el compendio de intereses, viene a ser todo aquello que hace resistencia en el cortocircuito Dios-alma.
Ser-en-el- mundo tiene el sentido de cumplir el tiempo del rodeo a través del elemento que produce adhesión y obligación.
Venir-al-mundo puede interpretarse como la ocupación del exterior, vivir en el mundo significa abismarse a los quehaceres mundanos.
El interés es evitar que el mundo interfiera entre Dios y el alma, así pues quien va al desierto escoge el espacio que le es más apto que ningún otro para minimizar el mundo desde un lugar mundano, es el lugar menos propicio para la vida por eso es el menor de los males.
En el desierto se experimenta el casi-no-ser real que no reclama ningún interés para sí, es un espacio de proyección para la escenificación del alma. La alianza con el desierto es como un modo de transito mediador que tiende a cero, es como un pacto enemigo del crecimiento (característica mundana por excelencia), pues donde no crece nada se desarraiga el devenir erróneo. De ahí que la virtud de los sabios es desafiar al desierto. “El desierto no es más que otro nombre para la sombra del mundo en la que se encuentran los hombres, a partir del hecho de que no quieren interpretar ni transformar el mundo, sino abandonarlo”.

3-La Desviación Occidental.
Huída del Mundo Hacia adelante.

Al cabo de una serie de pasos que se pueden interpretar como una retracción consecuente del extremismo anacoreta, se observa una compleja civilización occidental que consiste en una negativa al principio – desierto.
Tres de esos pasos son: “el receso de los solitarios en beneficio de las comunidades monacales, el reforzamiento de la dimensión trabajo en la regla occidental, el monacato protestante y la proscripción de la vida contemplativa mediante la sociedad de producción burguesa moderna”.
“Los contemporáneos del siglo XX entienden la expresión “huída del mundo” como un síntoma de enfermedad”.
A Partir de la Revolución Francesa ya no se precisa creer en la necesidad de monasterios, pues ya no se recuerda en contra de qué se debiera cimentar algún día el mundo moderno.
En esta sociedad secular parece perder su sentido la pregunta de adónde van los monjes.
“El Occidente moderno no tiene monjes, y los últimos monjes no tienen desierto”, es decir, los monasterios ya no tienen una presencia significativa porque no poseen la capacidad de representar a esta época.
Una de las conquistas de la modernidad es la soberanía de la mundanidad, “el mundo es todo lo que se puede ser”.
“La modernidad es la época de los media, de la comunicación y de la automediación”. La mundanidad se basa en la dinámica de la comunicación absoluta, en la movilización permanente.
“En la época de la comunicación absoluta, la unidad y la autonomía del mundo dependen de la universalidad e ininterrupción de la corriente mediadora”.
“La lengua universal es el materialismo mediático”.
Pero esto también produce efectos indeseados, ya que hasta los más potentes comunicadores están expuestos a los sentimientos de irrealización y a un mundo que considere poco aceleradas las velocidades inhumanas.
Pero, “por todas partes, hace carrera la lentitud como equivalente funcional de la trascendencia; presenta el atractivo de evitar el fastidio de tener que soltar sermones masivos sobre Dios y el alma ante un distinguido público”.
Hoy se piensa en los conceptos Dios – alma “a modo de teoría de las catástrofes: como desconexión de la red, interrupción de la mediación”.
Hoy “alma es lo que no sirve de mediación…existen sólo en tanto se ven obligadas a dar noticia de sí ante el riesgo de su perdida” (¿en la modernidad, las almas irrumpen ante la perturbación?)
En la modernidad la pregunta del principio del capitulo debería plantearse como: ¿qué va a ser de los monjes frustrados? O ¿qué hacen los monjes en una época sin monasterios? ¿Adónde se orientan ahora los impulsos fugitivos del mundo?
Una de las tesis (con tendencia de diagnóstico cultural) plantea que el potencial de huída abriría nuevas rutas, pero estas serían, a su vez, “una huída del mundo a hacia el mismo mundo”. “En tanto es inherente a todo lo moderno un rasgo básico de mejora”.
“La negatividad concreta que nace del mismo mundo se recicla, a su vez, en la posibilidad de un mundo venidero positivo”.
“L a insatisfacción instruida, dice Bloch, es motor de la historia”, la huída del mundo se reemplaza con la dinámica de progreso.
La otra tesis (con tendencias antropológicas) “aventura una universalidad del factor monástico”, se habla de “un arquetipo universal de monje”. Aquí no se pierde el potencial monástico y la huída del mundo se reconvierte en celebración del mundo.
Al autor “no le parece plausible entender el fenómeno del monje como metáfora, local y provisional, de un problema capital acósmico todavía no conceptuado”. La pregunta inicial debiera reformularse radicalmente y ya no hablar de monjes, sería: ¿Cómo se manifiesta la acosmisidad humana en la modernidad? ¿Cómo se organizan, hoy, las fuerzas dirigidas al traslado de morada? ¿Qué va a ser de los impulsos del animal polivalente a marcharse y a salir de la ruta sin las vías anacoretas o monásticas?
Hoy la musicalización mediática inunda lo último de interioridad libre, y con su intensidad reemplazó al desierto.
En la modernidad el desierto se ha perdido y el refugio monacal se halla clausurado.
“Distanciamiento del mundo es el mínimo común denominador de sociedad poliescapista”. “En una época sin monjes tienen que buscarse otras salidas”, salidas que contradigan a la burguesía, al atacarse con contenidos que proporcionan el propio hartazgo ininterrumpido, salidas que busquen el “enriquecimiento en la ampliación del espacio interior”.

Laura V. Verón

Conjunto 1: Nacimiento y crianza. (2)


Libro Cuarto

“-Al escoger y educar a los soldados, nuestro propósito fue el de que adquirieran en tinte indeleble de las leyes y de que sus almas bien nacida y educadas tuvieran un firme criterio sobre las cosas que han de temerse y sobre todo lo demás, y que ningún detergente pudiera borrarlo, ni el placer, que suele producir efectos mayores que el jabón cáustico, ni el temor, el dolor y la pasión.”

“...cada cual debe tener una sola ocupación en la ciudad, ocupación para la cual su naturaleza lo haya dotado más convenientemente.”

Libro Quinto

“...¿Es posible utilizar dos animales para las mismas cosas sin darles la misma crianza y educación?
-No es posible.
-Por lo tanto, si empleásemos a las mujeres en las mismas ocupaciones que a los hombres, preciso sería enseñarles igualmente la música y la gimnasia y el arte de la guerra, y tratarlas del mismo modo que a los hombres... proponemos... examinar... si las mujeres son capaces por naturaleza de participar en todas las tareas de los hombres o en ninguna de ellas... Al sostener que las naturalezas que no son iguales no deben dedicarse a las mismas ocupaciones...”

“...es necesario que las mujeres y los hombres mejores tengan relaciones asiduas y que, por el contrario, estas relaciones sean poco frecuentes entre los individuos inferiores de uno y de otro sexo; es preciso, además criar a los hijos de los primeros y no de los segundos, si queremos que nuestros ciudadanos sean de la mejor calidad posible.”

“... los hijos, a medida que vayan naciendo, estarán a cargo de instituciones por instituciones formadas por hombres o mujeres, o por hombres y mujeres reunidos, pues las tareas con comunes, creo yo, al uno y al otro sexo... Llevarán a los hijos de los mejore a un sitio común y los confiarán a nodrizas que vivirán en un barrio determinado de la ciudad. Los hijos de los individuos inferiores e igualmente los de los otros, si nacen con alguna deformidad, serán ocultados en algún lugar secreto e incierto.”

Libro Séptimo


“...no violentes a los niños en las enseñanzas; antes bien, procura que se instruyan jugando, para que puedas conocer mejor las disposiciones naturales de cada uno... Ahora bien, a partir de los veinte años, aquellos a quienes seleccionemos por su disposición natural, obtendrán mayores distinciones que los demás...”
Analía Motos

Fragmentos de La República de Platón. (1)


Conjunto 1: Nacimiento y crianza.

Libro Segundo

“...procurarán tener el número de hijos proporcionado al estado de su fortuna, para evitar las incomodidades de la pobreza o la guerra.”

“...todo depende del comienzo, sobre todo tratándose de los niños, porque en esta edad su alma, aún tierna, recibe fácilmente todas las impresiones que se quieran.”

“...que esté entre manos de cualquiera contar indiferentemente toda clase de fábulas a los niños, y que su alma reciba impresiones contrarias en su mayor parte a las ideas que queremos que tengan en una edad más avanzada... no debe consentirse.”

Libro Tercero


“Si nos atenemos al principio que establecimos al comienzo, o sea que nuestros guardianes deben entregarse por completo a defender la ciudad, no haga o imiten ninguna otra cosa. Hay una manera de expresarse y relatar de que se sirve todo hombre de bien cuando tiene algo que decir; y otra del todo diferente que emplea en sus relatos aquél que por naturaleza y educación es contrario al hombre de bien.”

“Después de la música, la educación gimnástica ha de formar a los jóvenes. Es necesario, pues, que en la infancia y durante el curso de su vida sean educados cuidadosamente por ella. He aquí, a mi juicio, el método que debe seguirse: No creo que el cuerpo, por bien constituido que esté, domine por su perfección al alma buena; por el contrario, creo que el alma cuando es buena, imprime al cuerpo, como un efecto de su propia excelencia, toda la perfección de que es capaz.”

“...hay, pues, que probarlos desde la infancia, obligándolos a desempeñar aquellas actividades que más fácilmente puedan. toda la educación e instrucción que han recibido de nosotros y cuyos efectos han creído sentir no era otra cosa que un sueño y que en realidad han sido formados y educados en el seno de la tierra, ellos, sus armas y cuanto les pertenece, y que después de haberlos enteramente formado la tierra, su madre los ha dado a luz, por lo que ahora deben considerar la tierra que habitan como su madre y nodriza y defenderla si alguien la ataca, y considerar también a los demás ciudadanos como hermanos que han surgido, a semejanza de ellos, del seno de la tierra.”

“Como todos tendía un origen común, vuestros hijos serán semejantes a vosotros. Peor puede suceder que de un ciudadano de la especie del oro proceda un vástago de la especie de plata, o que uno de la especie de la plata tenga un descendiente de la del oro, y que lo mismo ocurra con los dos metales restantes. Ahora bien, el dios ordena todo y obre todo a los gobernantes que presten especial atención al metal con que se haya forjado el alma de sus descendientes, y si sus propios hijos tuvieran alguna mezcla de bronce o de hierro deben, pues, los gobernantes sin honrarlos más de lo que conviene a su naturaleza, obrar sin conmiseración y relegarlos a la condición de los artesanos o labradores; por el contrario, si de éstos nacen hijos con mezcla de oro o de plata, elevarlos en el primer caso al rango de los destinados a guardianes de la ciudad, y de auxiliares en el segundo, porque hay un oráculo según el cual la ciudad perecerá cuando sea guardada por el hierro o el bronce.”

Analía Motos

domingo, 9 de septiembre de 2007

El cuerpo y la sociedad (Segunda parte)

Acerca de los niños y su crianza
Los siguientes párrafos representan recortes que aluden a la presencia de ciertas prácticas en un momento en que el cristianismo había comenzado a alcanzar cierto grado de vida pública.
Hermas había sido liberto antes de convertirse en profeta cristiano. Él y su esposa trataron de vivir en castidad como consecuencia de la renovada vocación visionaria que lo había conducido a componer el Pastor. Su impulso moral buscaba alcanzar y exhortar a otros a que lo hicieran, un estado de sencillez infantil. El término que usa Brown es nepiotés y lo define como piedra angular del conjunto de ideas morales que tenían gran importancia dentro del conjunto de familias cristianas. La idea de Hermas apuntaba al niño que aún no había alcanzado la pubertad, que era “inocente” de “corazón sencillo”, “carente de malicia”, niño que se convertiría en “hombre luminoso y la Iglesia cristiana estaría compuesta de hombres así como el mismo Hermas deseaba ser.
Pablo de Tarso, quien se consideraba apóstol revelado por el mismo Jesucristo, afirmaba que el reino era accesible a la totalidad de los paganos, a los “gentiles”, a las personas que no habían sido circuncidadas. Pablo alegaba “que ni la circuncisión es nada ni el prepucio (de los gentiles), sino la nueva criatura.
Se consideraba que los niños eran insensibles a la vergüenza sexual de los adultos, y del mismo modo, a la necesidad de vestimenta de los adultos, todavía no estaban totalmente incorporados a la estructura de la sociedad adulta.
El bautismo de los niños se presentaba como un rito de eficaz desexualización, los iniciados jóvenes y adultos entraban desnudos a la pila bautismal, la ropa “sexualizaba” el antiguo cuerpo, junto a la pila bautismal eran como niños pequeños. El agua fría anulaba el fuego caliente que se había recibido en el nacimiento.
En el capítulo “De Pablo a Antonio” se especifica que los profetas iniciaban su vocación siendo personas entradas en años, conocidos por la comunidad cristiana, tenían hijos engendrados por ellos que habían criado como cristianos, cuidaban de su familia y de su fortuna personal, no eran peregrinos ni ermitaños.
La religión influyó en los modos de crianza porque se convirtió en una religión de jóvenes, de manera que para las familias cristianas ya no era el padre el encargado de “guardar” a sus hijas en estado virginal para el futuro matrimonio. El niño prepúber llegó a ser presentado como el guardián de su propio cuerpo. Vemos entonces, una autorregulación con respecto a las prácticas sexuales ya que era el propio niño quien elegía guardar su propia carne como virgen a través de votos de continencia perpetua.
El capítulo 11 “Ascetismo y Sociedad” expone la idea del desierto como mito liberador, delimitaba la presencia imponente del “mundo” del que el que el cristiano debía librarse subrayando una frontera ecológica. A modo de “contramundo” representaba un lugar donde podía desarrollarse una ciudad alternativa. Los grandes monasterios surgieron como aldeas alternativas, surcadas de murallas protectoras. Dado que los monjes estuvieron cada vez más implicados en el mundo habitado, como árbitros privilegiados de los grandes, como consejeros espirituales, la desconfianza sexual se concentró en los bordes del desierto.
La sensación de peligro sexual que acechaba los cuerpos de los monjes, era mucho más pesada en los novicios. Estos provenían, bien empujados hasta allí por sus padres por el hambre o habiendo sido donados a los ancianos como ex votos humanos. Los ricos tendían a negar al desierto su prole sana y talentosa, mientras que reservaban a los mejores para el matrimonio.
Muchos dirigentes de la vida en el desierto habían llegado allí en estado de madurez por lo que la sexualidad no desempeñaba un papel demasiado importante en la visión de sí mismos; dado que eran personas con firmes papeles sociales, sus pecados provenían de la voluntad (cólera, orgullo, sensibilidad a la posición social). En cambio, los monjes jóvenes, sin perfil social claro, no eran más que sus propios cuerpos vigorosos, por lo que su asimilación a la vida del desierto tenía que adoptar la forma de una disciplina de marcado carácter sexual.
El código de conducta para los novicios era meticuloso. La vida en la celda implicaba un conjunto de prácticas como, por ejemplo, cargar la bolsa de los visitantes, ceder el paso, sentarse con los visitantes, en constante vigilancia en razón de la sexualidad que se ocultaba en su interior:
“La trampa que el demonio tiende a la humanidad, especialmente a los jóvenes, es el cuerpo. Acostumbra tus ojos a no
mirar nunca el cuerpo de ninguna persona, ni siquiera, si es posible, el tuyo propio.
Nunca digas a nadie: Coge la sabandija que tengo en la barba.”
Prácticas fuertemente prescriptivas acerca de la “entrada al mundo” de estos jóvenes se detallan en este capítulo:
“ Con las rodillas juntas, las túnicas cubriendo los pies, los cinturones bien apretados para impedir que las manos se extravíen durante la noche, los jóvenes monjes entraban al mundo con los ojos bajos, teniendo cuidado en no comer nunca en compañía de ninguna mujer.”
En el mismo capítulo, Brown describe a las vírgenes de la Iglesia como muchachas jóvenes casaderas, con amor hacia la idea de la virginidad que permanecía latente en el fondo del corazón de todos los niños cristianos que actuaban sin libertad. La familia decidía la suerte de las jóvenes, ser “esposa de Cristo” era ser ex voto humano, ya no seguía siendo una mujer. Los parientes tomaban la decisión en función de conseguir alguna ventaja material. La madre podía también cambiar el voto, decidía casar a la hija y ofrecer a Dios el voto formal de mantenerse viuda. El autor cita a John Boswell y Cynthia Patterson señalando que los niños varones considerados útiles, se entregaban a amigos para que los criaran. Existía un paso muy pequeño entre dar los hijos a un amigo y consagrarlos al monasterio local.
En el capítulo “De Ambrosio a Agustín” el nacimiento virginal de Cristo aparece acompañado de la noción de inmaculado, sin cicatrices de la relación sexual. Contrapuesto con el nacimiento humano y la concepción que estaban asociados a una serie de manchas, de contagio: estas manchas indicaban la índole antiespiritual del coito. También el bautismo infantil en las iglesias se consideraba parte del contagio.
En relación al cuerpo, Brown advierte la consternación que su indeterminación producía. El cuerpo de los hombres jóvenes ya no podía disfrutar del ludus, período bisexual que se permitía antes de que la sociedad pusiera al joven en el lugar de estadista casado. El cuerpo se consideraba un templo, las relaciones sexuales se limitaban a la función de engendrar hijos con personas del sexo contrario.
Los hijos, ya no se hallaban en zona neutral aguardando que la familia decidiera si eran relevantes o no para la sociedad. Temas como la anticoncepción, el aborto y la exposición de los hijos quedaban condenados.
En el siglo VI, el antiguo derecho del padre romano a decidir si deseaba aceptar o no el hijo recién nacido se mencionaba como una costumbre pagana. La vida conyugal se vio influenciada por la importancia dada al papel de Dios en la formación del hijo en la matriz. Se consideraba que el acto sexual escapa al control racional y quizá esto lleva a rechazar la fantasía de una sexualidad eugenésica. Se creía que aquellos que copulaban los días de abstinencia, engendrarían leprosos y epilépticos.
En tiempos de Agustín, las costumbres contra las que tenían que luchar los hombres y las mujeres jóvenes, en Roma y en el sur de Italia, eran las creadas por la posesión de una enorme riqueza, por el peso aplastante de las expectativas sociales, y por la avaricia y la crueldad ligadas al ejercicio del poder. Este era un ambiente muy distinto del mundo en que se había educado Agustín, quien dedicó mucho tiempo de su vida a defender el punto de vista de que las relaciones sexuales eran una “sombra en miniatura de la muerte”.
La confirmación de los vínculos ideales entre la madre y el hijo (en clara alusión a Cristo y a María) afectaba particularmente a una sociedad que ya no se consideraba una asamblea de ciudadanos, sino un conglomerado de familias devotas, compuestas de madres, padres e hijos cristianos.
Ana María Aspe y Susana Da Luz

EL cuerpo y la sociedad (Primera parte)


El cuerpo y la sociedad

El texto “El cuerpo y la sociedad, los cristianos y la renuncia sexual” es un ensayo de Peter Brown. Está publicado por Muchnik Editores S.A. en 1993 en España y Antonio Juan Desmonts es el traductor. Brown, fue profesor de Lenguas Clásicas e Historia en la Universidad de California, actualmente Rolling Profesor en el Departamento de Historia de la Universidad de Princeton, es autor además, de “Biografía de Agustín de Hipona” traducido al castellano.
En el texto que nos ocupa, el autor estudia la institución de la renuncia sexual permanente. Describe la abstinencia, el celibato, la virginidad perpetua desarrollada en los círculos cristianos entre el sigo I y el V.
A manera de reflexión, desfilan “la sexualidad, el matrimonio, la familia y las nuevas posibilidades abiertas para hombres y mujeres por una revolución sexual sin precedentes que si bien arrojó “una sombra fría sobre el lecho”, generó una verdadera posibilidad de liberación: el cuerpo individual ya no era un mero eslabón que llevaba el nombre del padre y la fama social a la próxima generación y los hombres ya no estaban programados por la Naturaleza” según expone la contratapa.
A continuación de los datos de editorial, puede verse un mapa de Europa, este de Asia y norte de África a modo de escenario de época; a continuación puede leerse una línea cronológica con la ubicación de los distintos personajes (25 a.C. hasta 500 d.C.)
Como está organizado el texto:
Presenta prefacio, tres partes, epílogo, bibliografía e índice analítico.
A lo largo del prefacio, Brown ubica su exposición en el siglo II , en un mundo pagano donde el cristianismo había alcanzado cierto grado de vida pública. El autor pretende un libro sobre la cristiandad primitiva en particular, no sobre la antigüedad tardía en general.
El recorte obedece al estado de los estudios académicos sobre la sexualidad y la familia en el mundo antiguo, terreno que Brown percibe como escasamente explorado.
La obra se ha basado en autores como William Lecky con su History of European Morals from Augustus to Charlemagne y Caroline Walker Bynum, autora de “Holy Feast and Holy Fast: The Religions Significance of Food to Medieval Women” además de documentos como fuentes primarias y numerosos autores dentro de las fuentes secundarias.
La primera parte: De Pablo a Antonio consta de diez capítulos.
Segunda parte: Ascetismo y sociedad en el Imperio de Oriente, capítulos 11 a 16
Tercera parte: De Ambrosio a Agustín la creación de la tradición latina, capítulos 17 a 19
Epílogo: Cuerpo y sociedad: los comienzos de la Edad Media