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miércoles, 17 de octubre de 2007

Película "Impulso adolescente"

Tal vez “Impulso Adolescente” sea una película que tendríamos que ver todos los integrantes del seminario. Porque es una historia sumamente compleja. Esa complejidad de la que hablo es, para mí, un collage de situaciones que giran en torno de las cosas que no nos gustan admitir de nosotros mismos; como la necesidad de sentirnos necesitados, de mostrar nuestras verdaderas particularidades, de las vueltas que damos para ponerle nombre a un problema, del miedo de hacernos cargo de ese problema y de la inseguridad que sentimos, luego, al intentar afrontarlo. Como también, el aceptar que muchas veces vivimos comparándonos con “los otros”, prestando demasiada atención a nuestro exterior, a lo que nos rodea, y desoyendo nuestro interior, lo que realmente somos. Y por qué no, el asumir que en reiteradas oportunidades vivimos pendientes de lo que esos mismos “otros” esperan de nosotros.
El protagonista, Justin, es un adolescente de 17 años, inseguro y lleno de temores por enfrentar el mundo exterior.
Justin al angustiarse y sentirse solo se chupa el dedo pulgar y se encierra en sí mismo, en su mundo. Es hijo de Mike, un futbolista frustrado que trabaja como gerente en una tienda de ropa deportiva, y de una madre que está en la constante búsqueda de su “cualidad distintiva”, que hace todo por superarse a si misma, sentirse útil, necesitada y, básicamente, por encontrar su lugar en esta historia.
Esta familia se completa con Joel, el hermano menor de Justin, quien soporta la pesada carga de verse obligado a ser “normal”.
Nuestro protagonista concurre a la escuela, donde conoce a Rebbeca -ella representa a las auténticas y más variadas tentaciones para Justin-, una adolescente extrovertida que integra el club de debate, que le insiste a su compañero para que se muestre tal cual es, que muestre sus verdades, que intente abrirse. Con ella, Justin, mantiene una relación que logra confundirlo.
Rebbeca experimenta distintas formas de vida, prueba y vivencia abanicos de posibilidades, en búsqueda de educarse a sí misma.
Perry, el ortodoncista al que Justin concurre, intenta ayudarlo y le habla de los comportamientos involuntarios, dice que éstos son causas de pesos que no reconocemos, que nos hacen hacer cosas que difícilmente nos gusten admitir. Perry habla de ser honesto con uno mismo.
En el transcurso de la historia podemos ver como la familia, la escuela, la comisaría, el hospital –todas instituciones de la modernidad- y la cultura van configurando a las personas.
En la escuela encontramos al profesor Gearay y a la Sra. Wood.
El profesor -coordinador del club de debate al que Justin logra ingresar y hasta convertirse en líder- estimula, alienta y cree en las capacidades de nuestro protagonista, motivo por el cual busca ayudarlo. Así se llega a una reunión entre Justin, sus padres, el profesor y la Sra. Wood.
Esta última considera que Justin es un alumno prometedor pero que hay algo que interfiere en su potencial, que es distinto al resto de los adolescentes. Ella le diagnostica ADHD (trastorno de déficit de atención/hiperactividad) y le sugiere un tratamiento; medicarse con drogas estimulantes como Ritalín, Aderol, Clanadín y Tenex.
Finalmente Justin, que desea autocontrol, confianza y valentía, acepta el tratamiento.
A partir de este momento lo que se refleja en el film encuentran claras relaciones con lo que Sloterdijk escribe en el capítulo III de su libro “Extrañamiento del Mundo”.
Según la madre de Justin “Todos somos adictos a algo…tal vez a una idea de nosotros mismos, tal vez a una idea de éxito o fracaso, a nuestras vidas…”.

Frase que me trae a la mente parte de una canción de Soda Stereo: “…Pruébame y verás que todos somos adictos, a estos juegos de artificio…Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa”.
De aquí en adelante se observan notables cambios en la vida de nuestro protagonista -cambios que tienen repercusión en los distintos entornos-, quien expresa, por ejemplo: “Me siento como yo mismo”, “Estoy aprendiendo a ganar”.
En el entorno familiar, la madre busca trabajo inspirada en los logros de Justin, y el padre, quien no confía en que su hijo puede cambiar con tan solo proponérselo y que le reclama más esfuerzo para progresar en sus estudios, tiene la impresión de percibir que su hijo cree superarlo en inteligencia.
A medida que el film avanza Justin llega a poner en evidencia las actitudes, las fortalezas y debilidades de los otros, a quienes sin proponérselo, el supuesto necesitado de ayuda, ayuda a superar obstáculos.
Mientras se iba desarrollando la historia, la relación de justin con sus padres me recordó la letra de una canción de Spinetta, “Todas las hojas son del viento” (por si la quieren leer la anexo al final del texto).
No tiene mucho sentido contar el final de la película, pero sí me tentó anticipar que las situaciones que movilizan, en un principio, la trama del film comienzan a mezclarse. Los blancos o negros encuentran la oportunidad de convivir con los grises y, tal como le sucede a Justin y al resto de los personajes, aparece la sensación de confusión y de cambio de dirección de las inquietudes que en primera instancia llevaban adelante esta historia.
Los personajes aprenden otra versión de sí. Se podría decir que encuentran el camino que los conduce a entenderse a sí mismos o que, por lo menos, ejercitan la tarea de no estar peleados con lo que son ni preocupados por como los vean los otros.
Uno de los personajes, Perry, concluye diciendo algo como: Lo importante es aceptarse como cada uno es…el hombre solo puede esperar, suponer, tratar…un problema no tiene porque ser tal, qué tiene de raro ser distinto. “La rareza es engañarte con que has encontrado la respuesta. Porque eso es mentira…E truco es vivir sin una respuesta. Creo…”

Laura V. Verón


Todas las hojas son del viento


Luis Alberto Spinetta



Cuida bien al niño, cuida bien su mente.


Dale el sol de Enero, dale un vientre blanco


Dale tibia leche de tu cuerpo


Todas las hojas son del viento ya que las mueve hasta en la muerte


Todas las hojas son del viento, menos la luz del sol


Hoy que un hijo hiciste, cambia ya tu mente


Cuidalo de droga, snunca lo reprimas.


Dale el urea misma de tu sexo






lunes, 1 de octubre de 2007

Conjunto 1: Nacimiento y crianza. (2)


Libro Cuarto

“-Al escoger y educar a los soldados, nuestro propósito fue el de que adquirieran en tinte indeleble de las leyes y de que sus almas bien nacida y educadas tuvieran un firme criterio sobre las cosas que han de temerse y sobre todo lo demás, y que ningún detergente pudiera borrarlo, ni el placer, que suele producir efectos mayores que el jabón cáustico, ni el temor, el dolor y la pasión.”

“...cada cual debe tener una sola ocupación en la ciudad, ocupación para la cual su naturaleza lo haya dotado más convenientemente.”

Libro Quinto

“...¿Es posible utilizar dos animales para las mismas cosas sin darles la misma crianza y educación?
-No es posible.
-Por lo tanto, si empleásemos a las mujeres en las mismas ocupaciones que a los hombres, preciso sería enseñarles igualmente la música y la gimnasia y el arte de la guerra, y tratarlas del mismo modo que a los hombres... proponemos... examinar... si las mujeres son capaces por naturaleza de participar en todas las tareas de los hombres o en ninguna de ellas... Al sostener que las naturalezas que no son iguales no deben dedicarse a las mismas ocupaciones...”

“...es necesario que las mujeres y los hombres mejores tengan relaciones asiduas y que, por el contrario, estas relaciones sean poco frecuentes entre los individuos inferiores de uno y de otro sexo; es preciso, además criar a los hijos de los primeros y no de los segundos, si queremos que nuestros ciudadanos sean de la mejor calidad posible.”

“... los hijos, a medida que vayan naciendo, estarán a cargo de instituciones por instituciones formadas por hombres o mujeres, o por hombres y mujeres reunidos, pues las tareas con comunes, creo yo, al uno y al otro sexo... Llevarán a los hijos de los mejore a un sitio común y los confiarán a nodrizas que vivirán en un barrio determinado de la ciudad. Los hijos de los individuos inferiores e igualmente los de los otros, si nacen con alguna deformidad, serán ocultados en algún lugar secreto e incierto.”

Libro Séptimo


“...no violentes a los niños en las enseñanzas; antes bien, procura que se instruyan jugando, para que puedas conocer mejor las disposiciones naturales de cada uno... Ahora bien, a partir de los veinte años, aquellos a quienes seleccionemos por su disposición natural, obtendrán mayores distinciones que los demás...”
Analía Motos

domingo, 9 de septiembre de 2007

El cuerpo y la sociedad (Segunda parte)

Acerca de los niños y su crianza
Los siguientes párrafos representan recortes que aluden a la presencia de ciertas prácticas en un momento en que el cristianismo había comenzado a alcanzar cierto grado de vida pública.
Hermas había sido liberto antes de convertirse en profeta cristiano. Él y su esposa trataron de vivir en castidad como consecuencia de la renovada vocación visionaria que lo había conducido a componer el Pastor. Su impulso moral buscaba alcanzar y exhortar a otros a que lo hicieran, un estado de sencillez infantil. El término que usa Brown es nepiotés y lo define como piedra angular del conjunto de ideas morales que tenían gran importancia dentro del conjunto de familias cristianas. La idea de Hermas apuntaba al niño que aún no había alcanzado la pubertad, que era “inocente” de “corazón sencillo”, “carente de malicia”, niño que se convertiría en “hombre luminoso y la Iglesia cristiana estaría compuesta de hombres así como el mismo Hermas deseaba ser.
Pablo de Tarso, quien se consideraba apóstol revelado por el mismo Jesucristo, afirmaba que el reino era accesible a la totalidad de los paganos, a los “gentiles”, a las personas que no habían sido circuncidadas. Pablo alegaba “que ni la circuncisión es nada ni el prepucio (de los gentiles), sino la nueva criatura.
Se consideraba que los niños eran insensibles a la vergüenza sexual de los adultos, y del mismo modo, a la necesidad de vestimenta de los adultos, todavía no estaban totalmente incorporados a la estructura de la sociedad adulta.
El bautismo de los niños se presentaba como un rito de eficaz desexualización, los iniciados jóvenes y adultos entraban desnudos a la pila bautismal, la ropa “sexualizaba” el antiguo cuerpo, junto a la pila bautismal eran como niños pequeños. El agua fría anulaba el fuego caliente que se había recibido en el nacimiento.
En el capítulo “De Pablo a Antonio” se especifica que los profetas iniciaban su vocación siendo personas entradas en años, conocidos por la comunidad cristiana, tenían hijos engendrados por ellos que habían criado como cristianos, cuidaban de su familia y de su fortuna personal, no eran peregrinos ni ermitaños.
La religión influyó en los modos de crianza porque se convirtió en una religión de jóvenes, de manera que para las familias cristianas ya no era el padre el encargado de “guardar” a sus hijas en estado virginal para el futuro matrimonio. El niño prepúber llegó a ser presentado como el guardián de su propio cuerpo. Vemos entonces, una autorregulación con respecto a las prácticas sexuales ya que era el propio niño quien elegía guardar su propia carne como virgen a través de votos de continencia perpetua.
El capítulo 11 “Ascetismo y Sociedad” expone la idea del desierto como mito liberador, delimitaba la presencia imponente del “mundo” del que el que el cristiano debía librarse subrayando una frontera ecológica. A modo de “contramundo” representaba un lugar donde podía desarrollarse una ciudad alternativa. Los grandes monasterios surgieron como aldeas alternativas, surcadas de murallas protectoras. Dado que los monjes estuvieron cada vez más implicados en el mundo habitado, como árbitros privilegiados de los grandes, como consejeros espirituales, la desconfianza sexual se concentró en los bordes del desierto.
La sensación de peligro sexual que acechaba los cuerpos de los monjes, era mucho más pesada en los novicios. Estos provenían, bien empujados hasta allí por sus padres por el hambre o habiendo sido donados a los ancianos como ex votos humanos. Los ricos tendían a negar al desierto su prole sana y talentosa, mientras que reservaban a los mejores para el matrimonio.
Muchos dirigentes de la vida en el desierto habían llegado allí en estado de madurez por lo que la sexualidad no desempeñaba un papel demasiado importante en la visión de sí mismos; dado que eran personas con firmes papeles sociales, sus pecados provenían de la voluntad (cólera, orgullo, sensibilidad a la posición social). En cambio, los monjes jóvenes, sin perfil social claro, no eran más que sus propios cuerpos vigorosos, por lo que su asimilación a la vida del desierto tenía que adoptar la forma de una disciplina de marcado carácter sexual.
El código de conducta para los novicios era meticuloso. La vida en la celda implicaba un conjunto de prácticas como, por ejemplo, cargar la bolsa de los visitantes, ceder el paso, sentarse con los visitantes, en constante vigilancia en razón de la sexualidad que se ocultaba en su interior:
“La trampa que el demonio tiende a la humanidad, especialmente a los jóvenes, es el cuerpo. Acostumbra tus ojos a no
mirar nunca el cuerpo de ninguna persona, ni siquiera, si es posible, el tuyo propio.
Nunca digas a nadie: Coge la sabandija que tengo en la barba.”
Prácticas fuertemente prescriptivas acerca de la “entrada al mundo” de estos jóvenes se detallan en este capítulo:
“ Con las rodillas juntas, las túnicas cubriendo los pies, los cinturones bien apretados para impedir que las manos se extravíen durante la noche, los jóvenes monjes entraban al mundo con los ojos bajos, teniendo cuidado en no comer nunca en compañía de ninguna mujer.”
En el mismo capítulo, Brown describe a las vírgenes de la Iglesia como muchachas jóvenes casaderas, con amor hacia la idea de la virginidad que permanecía latente en el fondo del corazón de todos los niños cristianos que actuaban sin libertad. La familia decidía la suerte de las jóvenes, ser “esposa de Cristo” era ser ex voto humano, ya no seguía siendo una mujer. Los parientes tomaban la decisión en función de conseguir alguna ventaja material. La madre podía también cambiar el voto, decidía casar a la hija y ofrecer a Dios el voto formal de mantenerse viuda. El autor cita a John Boswell y Cynthia Patterson señalando que los niños varones considerados útiles, se entregaban a amigos para que los criaran. Existía un paso muy pequeño entre dar los hijos a un amigo y consagrarlos al monasterio local.
En el capítulo “De Ambrosio a Agustín” el nacimiento virginal de Cristo aparece acompañado de la noción de inmaculado, sin cicatrices de la relación sexual. Contrapuesto con el nacimiento humano y la concepción que estaban asociados a una serie de manchas, de contagio: estas manchas indicaban la índole antiespiritual del coito. También el bautismo infantil en las iglesias se consideraba parte del contagio.
En relación al cuerpo, Brown advierte la consternación que su indeterminación producía. El cuerpo de los hombres jóvenes ya no podía disfrutar del ludus, período bisexual que se permitía antes de que la sociedad pusiera al joven en el lugar de estadista casado. El cuerpo se consideraba un templo, las relaciones sexuales se limitaban a la función de engendrar hijos con personas del sexo contrario.
Los hijos, ya no se hallaban en zona neutral aguardando que la familia decidiera si eran relevantes o no para la sociedad. Temas como la anticoncepción, el aborto y la exposición de los hijos quedaban condenados.
En el siglo VI, el antiguo derecho del padre romano a decidir si deseaba aceptar o no el hijo recién nacido se mencionaba como una costumbre pagana. La vida conyugal se vio influenciada por la importancia dada al papel de Dios en la formación del hijo en la matriz. Se consideraba que el acto sexual escapa al control racional y quizá esto lleva a rechazar la fantasía de una sexualidad eugenésica. Se creía que aquellos que copulaban los días de abstinencia, engendrarían leprosos y epilépticos.
En tiempos de Agustín, las costumbres contra las que tenían que luchar los hombres y las mujeres jóvenes, en Roma y en el sur de Italia, eran las creadas por la posesión de una enorme riqueza, por el peso aplastante de las expectativas sociales, y por la avaricia y la crueldad ligadas al ejercicio del poder. Este era un ambiente muy distinto del mundo en que se había educado Agustín, quien dedicó mucho tiempo de su vida a defender el punto de vista de que las relaciones sexuales eran una “sombra en miniatura de la muerte”.
La confirmación de los vínculos ideales entre la madre y el hijo (en clara alusión a Cristo y a María) afectaba particularmente a una sociedad que ya no se consideraba una asamblea de ciudadanos, sino un conglomerado de familias devotas, compuestas de madres, padres e hijos cristianos.
Ana María Aspe y Susana Da Luz

EL cuerpo y la sociedad (Primera parte)


El cuerpo y la sociedad

El texto “El cuerpo y la sociedad, los cristianos y la renuncia sexual” es un ensayo de Peter Brown. Está publicado por Muchnik Editores S.A. en 1993 en España y Antonio Juan Desmonts es el traductor. Brown, fue profesor de Lenguas Clásicas e Historia en la Universidad de California, actualmente Rolling Profesor en el Departamento de Historia de la Universidad de Princeton, es autor además, de “Biografía de Agustín de Hipona” traducido al castellano.
En el texto que nos ocupa, el autor estudia la institución de la renuncia sexual permanente. Describe la abstinencia, el celibato, la virginidad perpetua desarrollada en los círculos cristianos entre el sigo I y el V.
A manera de reflexión, desfilan “la sexualidad, el matrimonio, la familia y las nuevas posibilidades abiertas para hombres y mujeres por una revolución sexual sin precedentes que si bien arrojó “una sombra fría sobre el lecho”, generó una verdadera posibilidad de liberación: el cuerpo individual ya no era un mero eslabón que llevaba el nombre del padre y la fama social a la próxima generación y los hombres ya no estaban programados por la Naturaleza” según expone la contratapa.
A continuación de los datos de editorial, puede verse un mapa de Europa, este de Asia y norte de África a modo de escenario de época; a continuación puede leerse una línea cronológica con la ubicación de los distintos personajes (25 a.C. hasta 500 d.C.)
Como está organizado el texto:
Presenta prefacio, tres partes, epílogo, bibliografía e índice analítico.
A lo largo del prefacio, Brown ubica su exposición en el siglo II , en un mundo pagano donde el cristianismo había alcanzado cierto grado de vida pública. El autor pretende un libro sobre la cristiandad primitiva en particular, no sobre la antigüedad tardía en general.
El recorte obedece al estado de los estudios académicos sobre la sexualidad y la familia en el mundo antiguo, terreno que Brown percibe como escasamente explorado.
La obra se ha basado en autores como William Lecky con su History of European Morals from Augustus to Charlemagne y Caroline Walker Bynum, autora de “Holy Feast and Holy Fast: The Religions Significance of Food to Medieval Women” además de documentos como fuentes primarias y numerosos autores dentro de las fuentes secundarias.
La primera parte: De Pablo a Antonio consta de diez capítulos.
Segunda parte: Ascetismo y sociedad en el Imperio de Oriente, capítulos 11 a 16
Tercera parte: De Ambrosio a Agustín la creación de la tradición latina, capítulos 17 a 19
Epílogo: Cuerpo y sociedad: los comienzos de la Edad Media

jueves, 30 de agosto de 2007

Fragmentos de Bauman y Derrida

Les paso unos fragmentos de Bauman y Derrida sobre algunas de las cosas que estuvimos charlando en clase, creo que pueden aportar para continuar con la discusión.
Cecilia Elizondo


" En nuestra época, los hijos son, ante todo y fundamentalmente, un objeto de consumo emocional.
Los objetos de consumo sirven para satisfacer una necesidad, un deseo o las ganas del consumidor. Los hijos también. Los hijos son deseados por las alegrías del placer paternal que se espera que brinden, un tipo de alegría que ningún otro objeto de consumo, por ingenioso o sofisticado que sea, puede ofrecer. Para desconsuelo de los practicantes del consumo, el mercado de bienes y servicos no es capaz de ofrecer sustitutos válidos, si bien ese desconsuelo se ve al menos compensado por la incesante expansión que el mundo del comercio gana con la producción y mantenimiento de los hijos en sí. (...) Por otra parte, en nuestros tiempos, tener hijos es una decisión, y no un accidente, circunstancia que suma ansiedad a la situación. Tener o no tener hijos es probablemente la decisión más estresante y generadora de tensiones a la que uno pueda enfrentarse en el transcurso de su vida. (...) "Armar una familia" es como arrojarse de cabeza en aguas inexploradas de profundidad impredecible. Tener que renunciar o posponer otros seductores placeres consumibles de un atractivo aún no experimentado, un sacrifico en franca contradicción con los hábitos de un prudente consumidor, no es única consecuencia posible.
Tener hijos implica sopesar el bienestar de otro, más débil y dependiente, implica ir en contra de la propia comodidad. La autonomía de nuestras propias preferencias se ve comprometida una y otra vez, año tras año, diaramente. (...) Lo que es más doloroso aún, tener hijos implica aceptar esa dependencia de lealtades divididas por un período de tiempo indefinido, y comprometerse irrevocablemente y con final abierto sin cláusula de "hasta nuevo aviso", un tipo de obligación que va con el gérmen mismo de la moderna política de vida líquida y que la mayoría de las personas evitan celosamente en todo otro aspecto de sus vidas. Despertar a ese compromiso puede ser una experiencia traumática. La depresión posnatal y las crisis maritales (o de pareja) posparto parecen ser dolencias "líquidas modernas" específicas, así como la anorexia, la bulimia e innumerables formas de alegría".

ZYGMUNT BAUMAN "AMOR LÍQUIDO" Cap. "Fuera y dentro de la caja de herramientas de la socialidad" Pág, 64-65.

"Para volver a la cuestión de la familia, siempre habrá un lazo alrededor del nacimiento. Por lo tanto, no se podría borrar el nacimiento, y por consiguiente, entre otras cosas, cierta herencia genética. Pero ¿qué es "nacer"?
Si se lo distingue rigurosamente del origen, el comienzo, la procedencia, etc; el "nacimiento" es acaso todavía una cuestión de porvenir, una cuestión muy nueva. La filosofía está mucho más adiestrada en trabajar las cuestiones del origen, del fin, de la vida y la muerte. Pero la filosofía (y sin duda también, las más de las veces la ciencia, y en todo caso el psicoanálisis), le consagró poca atención "pensante" a aquello que, en el nacimiento, se sustrae a esas categorías.
Usted conoce la supuetsa certeza según la cual siempre se sabe quién es la madre, pero no, con el mismo tipo de seguridad, quién es el padre. La paternidad sería inducida por un juicio, la maternidad comprobada por una percepción. Freud se apoya en y apuesta tranquilamente a esta "evidencia" (la supuesta evidencia de la maternidad, justamente, y la no-evidencia de la paternidad) en su relato del caso de "el Hombre de las ratas", citando Lichtenberg*. De esto deduce que el patriarcado es un progreso de la razón y del juicio racional, un paso más allá de la percepción sensible.
Sin embargo, este esquema, incluso y sobre todo en Freud, me parece más frágil que nunca. Hoy, menos que nunca puede uno estar seguro de que la propia madre es la que uno cree ver pariendo. La madre no es solamente la genitora pues, como el psicoanálisis no es el único que nos lo enseña desde siempre, otra persona puede convertirse en o haber sido "la" madre, una de las madres. Pero lo más difícil de pensar, primero de desear, luego de aceptar, salvo como una monstruosidad, es precisamente eso: más de una madre. Suplementos de madres en una irreductible pluridad".

JACQUES DERRIDA ÉLISABETH ROUDINESCO. "Y MAÑANA, QUE..." Cap: "Familias desordenadas" pág 50-51.