martes, 23 de octubre de 2007
Links varios enviados por el profesor Antelo
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sábado, 1 de septiembre de 2007
Textos varios del miércoles 29 de agosto aún no trabajados en clase (Ana María)


Yo era un niño, yo también era diferente, pero después uno comienza a ver tantas cosas, yo tuve que aprender a ser malo. Si vos no pegas, cobras... Tenés que aprender lo que tenés que hacer, tenés que aprender a correr. Por ahí, vos no tenes nada que ver pero cuando empiezan los tiros, la gente corre con los traficantes. Había veces en que no tenía nada que ver, estaba en una casa llena de traficantes y la policía llegaba y quería matar a todo el mundo, Entonces, si vos no corres morís. Y si vos no corres detrás del traficante, la policía te agarra y te mata, entonces tenis que escoger que vas a hacer. O corres y huís con los traficantes, porque los tipos conocen mas la favela y están armados o te quedas con la policía que te agarra, te pega, y te va a matar. Nadie quiere eso para uno. (jCastro. 2001;71).En su Diccionario de las artes, en la letra A ubica la palabra artista. Nos quiere decir qué es lo que entiende por artista. Para esto nos cuenta lo siguiente. En los trenes que iban a Auschwitz hombres, mujeres y niños estaban hacinados. En los vagones destinados para el ganado se amontonaban de pie ochenta o más personas pegadas entre sí. Algunas morían en aquel primer viaje, sus cuerpos se apretaban contra los pies de los vivos. A veces se lograba intercambiar turnos para que alguno pudiera sentarse. Los vagones estaban en la negrura. Tenían tan sólo dos aberturas. Unos agujeros en el piso para defecar. Y una rendija entre el techo y el portón corredizo por el que pasaba un poco de aire y luz.Azúa nos cuenta que era frecuente que se alzara en hombros a alguno del vagón para que le dijera al resto qué es lo que veía por el resquicio. Debía ser, por supuesto, hombre, o mujer, de poco peso. Azúa discrimina entre estos vigías. Los había minuciosos, exactos, científicos: veo una estación de ferrocarril con dos puertas laterales y una central con trampilla de madera y herrajes de latón...Estos obsesivos a fuerza de detalles provocaban la impaciencia general. Hacía del exterior un estuche de informaciones.Estaban los distraídos e inconexos que decían ver una nube en forma de Afrodita o una bandada de pájaros, luego una pareja de burgueses que parece amarse, ¿o son dos soldados discutiendo? Este tipo de cronista era inmediatamente bajado al nivel de sus compadres. También irritaban los que todo lo interpretaban desde sus impresiones personales, a los que les parecía demasiado verde una planta o muy sucio un leñador. De este modo Azúa nos certifica que ni la ciencia ni la inocencia, ni la verdad objetiva ni la expresión subjetiva les eran de ninguna ayuda, a los condenados.Pero, nos dice Azúa, los oteadores más apreciados eran aquellos que daban la noticia de un mundo verdadero, libre de la tortura y del horror, un mundo luminoso que a la vez estaba conectado al mundo de los condenados. Este vigía les dice a sus compañeros: algunas mujeres de este pueblo se han reunido junto a la estación, en el abrevadero público, y están allí apiñadas mirando nuestros vagones con disimulo. Una de ellas con un niño en sus brazos le señala nuestro vagón, así que voy a sacar la mano por la mirilla, y quizás así la mujer se convenza de que hay gente en los vagones que van a la muerte.Se tejía un hilo entre el mundo de afuera y el de adentro. Estos relatos conectaban ambos mundos, el mundo de la muerte al mundo de la vida.El oteador de los vagones cargados de condenados era el único que tenía constancia del otro mundo. Lo transmitía a sus compañeros. El mundo del vagón era espantoso, pero si el mundo de los vivos era verosímil, entonces la vida del vagón se convertía a su vez en una ficción resultante del juego de otras leyes que c
ondenaban a vivir en el horror, sin culpa alguna, sin haber sido acusados deMetamos a un chimpancé en una jaula demasiado pequeña, cerrada por cruceros de
hormigón. El animal se vuelve loco furioso, se arroja contra las paredes, se arranca los pelos, se inflige a sí mismo crueles mordiscos, y en el 73% de los casos acaba matándose. Ahora hagamos una abertura en una de las paredes, y coloquémosla al borde de un precipicio sin fondo. Nuestro simpático cuadrúmano de referencia se acerca al borde, mira hacia abajo, se queda mucho tiempo allí, vuelve muchas veces, pero por lo general no perderá el equilibrio, y, en cualquier caso, su irritabilidad se calmará de modo radical (Houllebecq; 140).
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jueves, 30 de agosto de 2007
Citas
Principio
Yo creí al principio, desde el principio,
en el origen, que a los chicos
los hacen los padres. 
Y supe más tarde,
que mi verdad son las cigüeñas,
ellas traen a los chicos,
ellas solas, ¿y los padres qué hacen?
Los padres sueñan, sueñan.
las cigüeñas
arrasan los cielos
cruzan las nubes,
pelean a picotazos a la cría,
mientras los padres sueñan.
Bautista
Los hermanos esperan impacientes, mordiéndose las uñas…
Cuando le avisan al padre que nació su cuarto hijo
y sale a fumar solo, mira fijo el edificio Bernasconi,
ese edificio fue declarado de interés cultural.
Y su hijo no le interesa a nadie. La cultura de su hijo
empieza a depender de todo lo que piensa, fumando,
Cuando mira al Bernasconi:
“lo imponente de estas construcciones
es que desaparecen, se hunden…”
Bautista es un nombre sacado de la biblia,
al azar.
También podría llamarse Ezequiel, o
Lucas. La biblia es puro azar.
El azar destruye,
en el destino un estigma. Dame un nombre,
dame un talismán.
Sardá
Si no existiese: todos seríamos viejos. 
Viejos sin esperanza.
Sin esperar las generaciones nuevas.
Los que llegan.
Los que traen noticias.
Los mudos, los albinos.
Las palmas de una mano lisa.
Los que no tocó el sol.
Párpados sin abrirse.
Si no existiese,
adónde irían las gallinas?
O todos los que ponemos huevos.
Martín Rodríguez. Maternidad Sardá. Vox. Bs.As. 2005.
Al Hijo 
No soy yo quien te engendra. Son los muertos. Son mi padre, su padre y sus mayores; son los que un largo dédalo de amores trazaron desde Adán y los desiertos de Caín y de Abel, en una aurora tan antigua que ya es mitología,y llegan, sangre y médula, a este día del porvenir, en que te engendro ahora.Siento su multitud. Somos nosotros y, entre nosotros, tú y los venideros hijos que has de engendrar. Los postrimerosy los del rojo Adán. Soy esos otros, también. La eternidad está en las cosas del tiempo, que son formas presurosas.
J.L. Borges.
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Fragmentos de Bauman y Derrida
Cecilia Elizondo
" En nuestra época, los hijos son, ante todo y fundamentalmente, un objeto de consumo emocional.Los objetos de consumo sirven para satisfacer una necesidad, un deseo o las ganas del consumidor. Los hijos también. Los hijos son deseados por las alegrías del placer paternal que se espera que brinden, un tipo de alegría que ningún otro objeto de consumo, por ingenioso o sofisticado que sea, puede ofrecer. Para desconsuelo de los practicantes del consumo, el mercado de bienes y servicos no es capaz de ofrecer sustitutos válidos, si bien ese desconsuelo se ve al menos compensado por la incesante expansión que el mundo del comercio gana con la producción y mantenimiento de los hijos en sí. (...) Por otra parte, en nuestros tiempos, tener hijos es una decisión, y no un accidente, circunstancia que suma ansiedad a la situación. Tener o no tener hijos es probablemente la decisión más estresante y generadora de tensiones a la que uno pueda enfrentarse en el transcurso de su vida. (...) "Armar una familia" es como arrojarse de cabeza en aguas inexploradas de profundidad impredecible. Tener que renunciar o posponer otros seductores placeres consumibles de un atractivo aún no experimentado, un sacrifico en franca contradicción con los hábitos de un prudente consumidor, no es única consecuencia posible.
Tener hijos implica sopesar el bienestar de otro, más débil y dependiente, implica ir en contra de la propia comodidad. La autonomía de nuestras propias preferencias se ve comprometida una y otra vez, año tras año, diaramente. (...) Lo que es más doloroso aún, tener hijos implica aceptar esa dependencia de lealtades divididas por un período de tiempo indefinido, y comprometerse irrevocablemente y con final abierto sin cláusula de "hasta nuevo aviso", un tipo de obligación que va con el gérmen mismo de la moderna política de vida líquida y que la mayoría de las personas evitan celosamente en todo otro aspecto de sus vidas. Despertar a ese compromiso puede ser una experiencia traumática. La depresión posnatal y las crisis maritales (o de pareja) posparto parecen ser dolencias "líquidas modernas" específicas, así como la anorexia, la bulimia e innumerables formas de alegría".
ZYGMUNT BAUMAN "AMOR LÍQUIDO" Cap. "Fuera y dentro de la caja de herramientas de la socialidad" Pág, 64-65.
Si se lo distingue rigurosamente del origen, el comienzo, la procedencia, etc; el "nacimiento" es acaso todavía una cuestión de porvenir, una cuestión muy nueva. La filosofía está mucho más adiestrada en trabajar las cuestiones del origen, del fin, de la vida y la muerte. Pero la filosofía (y sin duda también, las más de las veces la ciencia, y en todo caso el psicoanálisis), le consagró poca atención "pensante" a aquello que, en el nacimiento, se sustrae a esas categorías.
Usted conoce la supuetsa certeza según la cual siempre se sabe quién es la madre, pero no, con el mismo tipo de seguridad, quién es el padre. La paternidad sería inducida por un juicio, la maternidad comprobada por una percepción. Freud se apoya en y apuesta tranquilamente a esta "evidencia" (la supuesta evidencia de la maternidad, justamente, y la no-evidencia de la paternidad) en su relato del caso de "el Hombre de las ratas", citando Lichtenberg*. De esto deduce que el patriarcado es un progreso de la razón y del juicio racional, un paso más allá de la percepción sensible.
Sin embargo, este esquema, incluso y sobre todo en Freud, me parece más frágil que nunca. Hoy, menos que nunca puede uno estar seguro de que la propia madre es la que uno cree ver pariendo. La madre no es solamente la genitora pues, como el psicoanálisis no es el único que nos lo enseña desde siempre, otra persona puede convertirse en o haber sido "la" madre, una de las madres. Pero lo más difícil de pensar, primero de desear, luego de aceptar, salvo como una monstruosidad, es precisamente eso: más de una madre. Suplementos de madres en una irreductible pluridad".
JACQUES DERRIDA ÉLISABETH ROUDINESCO. "Y MAÑANA, QUE..." Cap: "Familias desordenadas" pág 50-51.
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miércoles, 29 de agosto de 2007
Nacimiento. Citas varias
“El milagro”, explica Hanna Arendt, “que salva al mundo de la ruina normal, “natural”, es en último término, el hecho de la natalidad, en el cual arraiga ontológicamente la facultad de actuar. Dicho de otro modo: es el nacimiento de hombres nuevos, el hecho de que empiecen de nuevo, la acción de que son capaces por derecho de nacimiento. Tan sólo la experiencia total de esa capacidad puede infundir en los asuntos humanos la fe y la esperanza (…). Son esa esperanza y esa fe en el mundo las que han encontrado, sin duda, su expresión más sucinta y más gloriosa en una frase de los Evangelios que anuncia su “buena nueva”: “Nos ha nacido un niño”. (Arendt, 1983)
Merieu después comenta: “…el nacimiento de un hijo no es una simple prolongación del yo;(…) ese nacimiento es portador de una esperanza de comienzo radical, la posibilidad de una invención que renueve por completo nuestros horizontes”.
Va también este poema, conocido, pero redescubierto bajo la luz de las pelis del último miércoles, “lo materno como lugar de la completud”, ¿qué les parece?
MENOS TU VIENTRE ( Miguel Hernández. 1910-1942 ).

Pablo Neruda
Nora
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